La Invasión de Panamá

agosto 11, 2008 at 10:01 am (John Jarvi) (, , , )

27 a.T.

Stephen Wolf fue uno de los tres supervivientes del XI escuadrón artillado instalado en el Canal de Panamá. Soldado de primera. Stephen recuerda con cariño a su superior, el Teniente Ricardo Berlin. Han pasado veinte años y Stephen da gracias a que el síndrome de Panamá no se ciñó excesivamente con él ni con su destacamento.

“Nunca supimos por que nuestro destacamento tuvo la tasa de supervivencia más alta, los expertos indicaron a que la cantidad de material pesado que transportábamos en nuestro viajes debió disminutir el efecto de la radiación cuántica, pero realmente no se sabe”

Las piezas de artillería que fueron Teleportadas en el canal se convirtieron en un arma clave para las tropas Asiatico Europeas. Hoy en día, se pueden encontrar varias de ellas en museos militares tanto en America como en el continente Asiaticoeuropeo.

Es la mañana del 1º de Junio de hace 20 años. Dos dias antes un pequeño destacamento habia desembarcado en Panamá e instalado el Primer Teleporte de larga distancia. Rápidamente las tropas invasoras aparecieron por el portal y se hicieron con el control del canal de Panamá y las ciudades colindantes. Las tropas Asiaticoeuropeas realizaron pequeños ataques aéreos sobre los aeropuertos cercanos y otros objetivos estratégicos. 24 horas más tarde, se esperaba una fuerte represión naval para recuperar el control de las costas.

Para repeler el ataque americano por via naval, las tropas invasoras disponían de pocos efectivos aereos. Eran dificiles de teleportar, y sus efectivos se centraban sobretodo en tropas convencionales y pequeños drones telediriguidos.

“No podiamos llevar gran maquinaria bélica hasta que construyeramos teleportes superiores, ese era nuestro punto débil y era la clave del desembarco.”

La reacción Americana no tardaría en llegar. Varias oleadas de aviones arrojaron sus bombas sobre los centros de Teleportes, ocultos a la vista humana pero fácilmente detectables por la estela de energía que desprendían. Tras evaluar los daños recibidos, las tropas invasoras tuvieron que pensar seriamente sobre la mejor táctica de invasión.

Las estelas de los Teleportes de personas eran menores, por lo que a penas sufrieron daño. Fue fácil Teleportar tropas y armamento pequeño pero los grandes vehículos se vieron imposibilitados.

En la tarde del 13 de Junio, se lograba abrir el primer Teleporte de grandes dimensiones. A través de él surgiría la maquinaria bélica pesada. Entre las primeras unidades se encontraba el destacamento de Ricardo Berlín y Stehpen Wolf, junto a cinco enormes cañones de calibre 504mm

La pieza había sido concebida y desarrollada en Inglaterra, y tenía un alcance máximo de 75 kilómetros, con munición de 720 kilos y una carencia de disparo de dos proyectiles por minuto. Armamento pesado para evitar las incursiones marítimas. La pieza era considerada la más avanzada en asedio y disponía de las mejores características del mundo. Panamá sería su turno para demostrarlo.

El Teleporte de grandes dimensiones había tenido que ser construido evitando cualquer rastro, a la altura de la ciudad de Paraiso. Hubo muchas limitaciones de movilidad para los cañones ya que el camino que llegaba hasta Panama no era adecuado para el peso de los cañones, 10500kg cada uno. La larga distancia que tuvieron que recorrer junto con un bonbardero que sufieron hizo que sólo tres piezas llegaran a Panama, que se ubicaron a lo largo de la costa: una en Andandor, una en San Felipe y la última en Punta Paitilla.

Una vez instaladas las piezas, el bautismo de fuego no tardó en llegar. Ricardo Berlín se hizo cargo de la pieza de Andandor y esa misma noche, pasada la media noche, Ricardo recibió la información sobre la aparición en el radar de ecos sobre el mar. Eran varios buques que navegaban hacia el área de tiro cerca de la costa para intentar tomar posiciones contra los invasores, confiado en la ausencia de respuesta. Por desgracia, se equivocarían.

Con los datos suministrados por el radar se establecieron las trayectorias de disparo para abrir fuego. Se decidió empezar con el festival cuando los barcos se encontraba a unos 58 km de distancia. El silencio de la noche se quebró con el estampido de los disparos de los cañones. Para sorpresa de la desprevenida tripulación, los continuos impactos cayeron cerca de los buques. La oleada de asalto no se esperaba una respuesta tan contundente y la pequeña flota viró con rumbo opuesto, alejándose a toda velocidad. Por suerte, la precisión devastadora de los cañones hizo no solo mella en la moral del enemigo sino que logró perforar y hundir uno de los buques, llevándose 1000 almas por el camino. El efecto resultó asombroso. Había comenzado un duelo personal entre los Navios Americanos y la artillería Asiaticoeuropea.

A finales de Junio, el capitán de la XI destacamento artillado había muerto al resultar destruido por un trágico accidente el cañon de San Felipe. Ricardo Berlín fue ascendido a Capitán. Alrededor de los dos cañones se habian instalado varias baterias antiaereas que evitaban los intentos americanos para silenciar la molesta artillería.

La división recibió otro cañon en sustitución del averiado, pero el resto de cañones previstos para ser emplazados tuvieron otros destinos debidos a una fuerte ofensiva terrestre que el ejercito Americano estaba lanzando.

En la mañana del 5 de Julio, varios aviones en vuelo rasante se lanzaron hacia las posiciones Asiaticoeuropeas ubicadas en el puerto de Panama. Buscaban los cañones y alcanzaron una de las piezas, matando a todos sus operarios. El Cañon de Punta Paitilla fue totalmente destruido pero los aviones pagaron caro su osadía, siendo derribados por las baterías antiaéreas.

Los ataques se centraron en el norte, quizás para evitar que la ciudad de Panama sufriera daños. El capitan Ricardo Berlín recibió ordenes de cambiar el emplazamiento de las baterias pero ya no dio tiempo

Los cañones queradon estacionados en las calles de la ciudad. Había llegado la orden de retirada. Ricardo Berlin dio orden de demoler las dos piezas de artilleria. Con la munición restante, los zapadores demolieron completamente el camal de Panamá y el resto del ejercito huyo por los Teleportes.

Una guerra que había durado poco más de un mes había dejado más de 50000 muertos directos más otros 100000 que morirían más tarde a consecuencia de los efectos inesperados del uso de Teleportes en distancias largas. El 99% del ejercito interventor sería victima de el síndrome de Panamá.

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