Frío

agosto 15, 2009 at 8:00 am (ScapeBall) (, , , )

 

Frío

15 de Agosto

 

Omar tenía miedo. Como corredor, su puesto en el terreno consistia en correr y anotar, no en defender, y sin embargo, ahí estaba. El entrenador de la selección Marroquí había decidido que no tenían ninguna oportunidad contra el equipo Italiano, así que había decidido probar cosas nuestras. La mayoría de sus jugadores actuarían como defensas del campo, mientras que los corredores realizarían tareas de vigilancia en los terrenos y tan solo uno intentaría marcar. La decisión estaba tomada y la idea era ganar puntos desclasificando a los corredores Italianos.

Pero Omar, como el resto del equipo, no veía clara esta estrategia. A él le tocaba vigilar los terrenos para informar del paso de los corredores… !que locura! un corredor en territorio de los Tanqueadores. Pura carne de cañón.

Omar notaba como el frío entumecía sus articulaciones. Estaba empezando a tiritar, pero realmente no sabía si era a causa de las condiciones climáticas o del miedo que sentía ante lo que iba a venir. Omar permanecía agazapado entre la nieve para vigilar el paso del contrincante, pero de momento nadie había pasado. Se puso de cuclillas sobre el gélido terreno. ‘Dios mío’, pensó, ‘me estoy congelando’. Su armadura no podía soportar tanto frío. Se incorporó un poco de su refugio helado pero siguió sin ver nada. Sin ver ni oir nada.

Omar necesitaba desesperadamente correr, salir, huir de aquel maldito terreno. ‘Esto es indignante’ pensó. El era un corredor y no debería montar guardia como un estúpido Tanqueador. ¿Para que sino tenían en su equipo aquellas moles de 120kg de peso? Habían transcurrido siete minutos de encuentro y aun no había visto a nadie. ¿Por qué no pasaban los corredores contrincantes? ¿Por que no había Tanqueadores defendiendo el terreno?

De repente, comprendió la sinrazón del encuentro y se estremeció de miedo. Rápidamente se reincorporo y salió corriendo hacia el portal. Un crujido de bota pesada le hizo temer lo peor. Se giro justo para ver como de la nada, una sombra mas oscura que el alma de un demonio se abalanzaba sobre el. El golpe fue tan terrible que lo sumió en la oscuridad mas profunda.

La voz del entrenador resonó en su casco, pero el ya no oía nada. Una mancha de sangre resbalaba por su visera despedazada.

De mientras, en el Campo marroquí, un alud de corredores irrumpió sincrónicamente y se abalanzo, no para anotar, sino para abatir a los defensas norteafricanos.

El juego dejo de ser lo que es, un juego, para convertirse en una batalla unilateral de pura violencia. El honor de Scapeball había desaparecido ante aquella marabunta sedienta de sangre.

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