Caída

agosto 17, 2009 at 8:00 am (ScapeBall) (, , , , , , , )

 

Caída

17 Agosto


Marco Letale dio un salto, atravesó el portal, y cayó, con un gesto grácil en el suelo helado del terreno. Levantó la vista y vio en el medio de la sala al Tanqueador adversario.

“Ya estás muerto” pensó, pues el tanqueador Francés llevaba una armadura no muy pesada, y además iba armado con una lanza de dos manos. Un gran fallo para los Tanqueadores, que debían compensar su falta de movilidad con un arma de proyectiles.

El tanqueador colocó su lanza con el brazo izquierdo inclinada por detrás de su espalda y con la mano derecha retó a Marco para que se acercara. “Bien” pensó Marco, y una sonrisa se dibujo en su cara, pese a que el oponente no la podía ver. Marco avanzo rápidamente hacia el centro del terreno. Con sus botas llenas de pinchos, no tenía problemas para correr por el hielo. El Tanqueador parecía que no reaccionaba y cuando se encontraba a dos metros del contrincante, Marco rodó por el suelo y terminó la pirueta dando un salto con gran impulso, y con una voltereta aérea situó sus pies por delante para derribar al Tanqueador.

La escena resultó dolorosa para Letale. Cuando Marco estaba saltando, el Tanqueador, con un gesto rápido, giró sobre si mismo, cogió la lanza con ambas manos y, esquivando lateralmente el golpe del corredor, le atizó con la lanza con todas sus fuerzas. Marco acabó derribado en el suelo. Por suerte su armadura absorbió bien el golpe. El Tanqueador dio un salto e intentó golpearlo para rematarlo en el suelo, pero Marco, de una pirueta, logró esquivar el golpe y ponerse en pie.

Su ataque no había mejorado su situación, debía superar al Tanqueador. Era curioso, hacia tiempo que Marco no encontraba un contrincante tan veloz. Normalmente, los Tanqueadores sin mucha armadura eran facil de derribar, pero no iba a ser tan fácil con este Francés.

Marco esquivó otro golpe del Tanqueador. Ahora éste le atacaba rotando sobre si mismo y lanzando golpes con la bola de hierro de la punta de la lanza. Dos metros de lanza le obligaban a retroceder mucho. Si caía por el portal por donde había entrado, sería eliminado. Tenía que actuar.

El siguiente golpe no lo esquivó. La lanza trazó una trayectoria hacia sus costillas, y cuando notó el golpe, Marco afianzó la lanza con las dos manos, ignorando el dolor. Letale se lanzó hacia delante, haciendo trastabillar al Tanqueador, que se arrodilló para no caerse. En ese momento, el corredor pisó la protección de su muslo (con satisfacción al oir como los pinchos de su bota atravesaban la armadura) se impulsó con esa pierna y con la otra le propinó una brutal patada en el casco.

Acabó la acrobacia girando sobre si mismo y aterrizando en el lado derecho del Tanqueador. “Ya ha terminado”, pero al mirar a su lado, el Francés no había caído. El Tanqueador se había mantenido de rodillas, con la cabeza un poco inclinada por el golpe. Giró poco a poco la cabeza, y se reincorporó. Marco tenia ahora un hueco para huir hacia el Teleporte, pero no quería hacerlo, su orgullo le obligaba a acabar con este contrincante, ahora.

Justo en el momento en el que el Tanqueador se puso de pié, Marco se lanzó con todas sus fuerzas con los pies por delante, incrustando sus botas espinadas en la placa dorsal del tanqueador.

Marco cayó de nuevo al suelo. Se notó bastante cansado. Nunca antes un combate había durado tanto. Letali miró a su rival e, increíblemente, no lo había derribado. De las brechas de su armadura brotaban hilillos de sangre que recorrían su muslo y su pecho, pero no caía.

Marco intentó reincorporarse, buscando fueras de donde fuera, pero con un rugido de bestia, el Tanqueador golpeó primero a Marco en la pierna, impidiéndole levantar. El dolor era espantoso pero su rival no le dejó “tiempo para saborearlo”. Rápidamente, le atizó otro golpe contundente, esta vez en el estomago, cortándole la respiracion y anulando las pocas fuerzas que aún le quedaban. Remató la faena con un golpe en la cabeza, que hizo que Marco perdiera la inconsciencia. Por último, le propinó un golpe seco sin mucha fuerza en la mano para que se le cayera la bola.

Cuando marco logró abrir los ojos, solo sentía el dolor. Tenía todo el cuerpo entumecido y no lograba reincorporarse.

El Tanqueador francés se acerco a Marco. Se quitó el casco. Era una chica, bastante guapa, de complexión muy fuerte, realmente se trataba de una autentica Valquiria.

La chica se arrodilló a su lado y, con una sonrisa de lado a lado, le escupió en la cara.

“Eh nena, te duele? Pues procura no cruzarte conmigo porque esto solo es el principio.” Entre risas, la Tanqueadora Francesa se puso de pie, se acomodo el casco y recogió la lanza.

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